lunes, 6 de diciembre de 2010

Lección 11 Para el 11 de diciembre de 2010: La viuda de Sarepta: El salto de fe


Sábado 4 de diciembre

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 1 Reyes 17; Job 38; 42:5, 6; Lucas 4:24-28; Hebreos 11:1; Apocalipsis 1:17.



PARA MEMORIZAR:
“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6).


ELLA CONOCÍA LO QUE ERA LA MUERTE. Vio morir a su esposo y ahora veía, impotente, como todo a su alrededor moría. El pasto se secó, los árboles dejaron caer sus hojas, las vacas eran apenas esqueletos, y las cabras balaban tristemente. Cada día miraba el cielo sin nubes, esperando, contra toda esperanza, nubes y lluvia. Había racionado la harina y el aceite, tratando de estirarlos hasta el fin de la sequía. Ella partía el panecillo diario en forma desigual: su hijo necesitaba todo el alimento que ella podía darle. Se afligía al ver al muchacho tan delgado y sin energía. Pero su sacrificio parecía inútil; temía que ambos morirían de hambre.

Solo le quedaba lo suficiente como para una comida final. La viuda salió de la aldea de Sarepta a fin de buscar leña para su última comida. Y allí, esta mujer entró en la narración bíblica, donde su relato nos enseña lecciones que podemos, miles de años más tarde, aplicarlas a nosotros.

Esta semana veremos el gran conflicto entre Dios y Satanás expuesto en miniatura en la vida de una viuda sin nombre que elige a Dios y es llevada, paso a paso, a una jornada de fe.


Domingo 5 de diciembre: A SAREPTA

Aunque nuestro relato comienza con la orden de ir a Sarepta, dada por Dios al profeta Elías, debemos recordar cómo surgió a esa orden.

El reino de Israel había caído en la idolatría. La adoración a Baal era la religión oficial. Dios había “desafiado” dramáticamente al dios de las tormentas declarando, por medio de su profeta Elías, que no habría más rocío ni lluvia (1 Rey. 17:1).

¿Qué ironía surge de que Dios le diga que no habría lluvia, justamente, al reino que adoraba al dios de las tormentas? ¿Qué enseña esto acerca del poder de Dios en nuestro mundo en contraste con todo otro poder? Ver también Salmo 86:8, Jeremías 10:6, Hebreos 1:1 al 3 y Job 38.

Elías se había escondido en el arroyo de Querit (1 Rey. 17:3), mientras la tierra de Israel se marchitaba bajo la devastadora sequía. El arroyo finalmente se secó, y Dios ordenó al profeta ir a Sarepta (1 Rey. 17:1-9).

Dios envió a Elías a un país extranjero. Sarepta estaba ubicada sobre la costa del Mar Mediterráneo, entre Tiro y Sidón. De este territorio de Fenicia había venido la terrible reina Jezabel. Uno de los importantes dioses nacionales de Fenicia era Baal, y la esposa del rey Acab importó y fomentó la adoración a Baal en Israel. En el mundo antiguo, se pensaba que los dioses pertenecían a una ciudad o a una región específicas.

Sarepta, situada fuera de Israel, parecía estar lejos del área de influencia de Jehová. La gente de esa nación pagana también debía encontrarse lejos del alcance de Dios. Pero, nunca alguien está fuera del alcance de Dios.

Allí, en el mismo centro de la adoración a Baal, Dios hizo conocer su presencia y su poder. Es importante notar que Dios usa la necesidad del profeta para llegar a una mujer en la lejana Sarepta.

No necesitamos cubrir nuestros problemas o pretender que no tenemos necesidades, porque todos sabemos que esto no es cierto. Como cristianos, sufrimos y sentimos dolor, y también necesitamos obtener alivio y ayudar a otros, que pueden profesar otra fe diferente de la nuestra, o ninguna.

¿Qué está mal en la actitud de alguien que dice que mostramos falta de fe cuando buscamos la ayuda de otros? ¿De qué manera, por medio de nuestras necesidades, podemos revelar a otros la bondad y el carácter de Dios?

Lunes 6 de diciembre: UN INSTRUMENTO INUSUAL (1 Rey. 17:7-12)

La viuda, que está juntando leña a fin de hacer su última comida para ella y para su hijo, reconoce de inmediato a Elías como un creyente en Dios. El texto no dice qué fue, pero algo le hizo saber, a ella, que Elías adoraba a Dios.

Lee cuidadosamente el versículo 12. La mujer reconoce que Dios existe pero, en ese momento, ¿qué significa eso para ella? Medita en la frase: “para que lo comamos, y nos dejemos morir”. ¿Qué implica esto? ¿Qué semejanzas puedes observar entre 1 Reyes 17:3 y 4, y 17:8 y 9?

Dios guía al profeta Elías a fin de salvarle la vida. Primero le dice que se esconda junto al arroyo de Querit. Los cuervos lo alimentan. Después, Dios le da otra orden y lo envía a Sarepta, donde ha “dado orden allí a una mujer viuda” (vers. 9) que lo alimente.

Ella parece un instrumento inusual de Dios. Es viuda, no es israelita, no tiene posición social, ni influencia, ni poder. Ella misma está a punto de morir de hambre.

¡Qué lección increíble podemos aprender de esta estrategia divina! Con frecuencia, Dios nos escoge no por ser fuertes, sino más bien a pesar de nuestra debilidad (2 Cor. 12:9).

Ayer vimos que Dios no está limitado por la geografía. Hoy vemos que Dios no está limitado por las limitaciones humanas. Dios es el que da las órdenes. En todo el relato, es claro que Dios está en el control, algo muy importante en el contexto más amplio del ministerio de Elías en la gran batalla entre Jehová y Baal. Nada ni nadie cierra el camino de la voluntad de Dios. Más tarde, en la historia, veremos que ni siquiera la muerte puede interferir con los propósitos de Dios

Las cosas y los acontecimientos pueden herir nuestra vida o ser perjudiciales, pero los propósitos de Dios siempre son buenos (Jer. 29:11), aun cuando no podamos verlo de inmediato. Necesitamos aprender a confiar en Dios en toda situación, buena o mala, porque en algún momento atravesaremos una u otra.

¿De qué manera Dios ha sido capaz de usarte a pesar de tus debilidades? ¿Cuánto más podrías hacer si, por su poder, vencieras esas debilidades?

Martes 7 de diciembre: ENTREGA TOTAL

Lee 1 Reyes 17:13 al 16. ¿Qué le dice Elías a la viuda, y por qué?

Las viudas eran personajes marginales en el mundo bíblico. Si no tenían hijos que se ocuparan de ellas, eran víctimas fáciles; tenían pocos recursos legales, y era peor en tiempo de sequía. Cada familia luchaba por sobrevivir y no había limosnas para las pobres viudas. El profeta le pide a esta mujer que lo alimente. Ella no es una buena candidata para esto. Solo un puñado de harina y un poco de aceite están entre esta pobre mujer y la muerte por hambre.

¿A quién debe ella alimentar primero? ¿Qué pensamientos debieron haber pasado por su mente cuando oyó el pedido? ¿Qué clase de fe se requería de su parte?

En muchas culturas, es más apropiado ofrecer algo a otros antes que tomar para uno mismo. El profeta no solo le pide a una persona que no puede darle casi nada, sino también pide que lo sirvan primero.

Recuerda que el profeta es un representante de Dios ante esta mujer. Al pedirle su última porción de pan, el profeta invita a esta mujer a dar el salto de fe, a entregar a Dios todo lo que tiene.

¿Qué otros ejemplos encuentras, en la Biblia, en los que Dios pide una entrega completa? Por ejemplo, ver Génesis 22.

Cuando damos a Dios todo lo que tenemos, siempre ganamos. La mujer tenía para una sola comida. Al dársela primero al profeta, ella avanzó por fe, confiando en lo que no podía ver ni comprender. Pero ¿acaso no es la fe confiar en un Dios que no podemos ver y en promesas que no comprendemos completamente (Heb. 11:1)? También asombra que no sea una mujer israelita, sino una mujer pagana, rodeada de prácticas religiosas degradantes. Y, no obstante, de algún modo Dios se comunicó con ella (vers. 9), y ella respondió con fe. Hizo lo que se le había ordenado hacer.

¿En qué ocasión confiaste en lo que no podías ver ni entender? ¿Qué lecciones aprendiste acerca de lo que significa vivir por fe?

Miércoles 8 de diciembre: RECORDAR MIS INIQUIDADES (1 Rey. 17:17, 18)

La viuda dio su último panecillo, y Dios realizó un milagro. Ella y su hijo escaparon de la muerte por el hambre y tuvieron una fuente constante de alimentos. Es difícil imaginar el asombro que ella debió sentir al ver que ese milagro increíble sucedía día tras día.

¿Cuál es la respuesta humana al estar en contacto con Dios? Job 42:5, 6; Isa. 6:5; Dan. 10:8; Luc. 5:8; Apoc. 1:17. ¿Por qué crees que esa reacción es tan común?

Por medio del profeta Elías, la viuda entra en contacto con Dios. También para nosotros, al entrar en contacto con un Dios santo, nuestros pecados llegan a ser más visibles. Y, cuando algo terrible nos sucede, podemos sentir que Dios nos está castigando. En 1 Reyes 17:18, la viuda culpa al profeta de Dios por estar allí y, en consecuencia, atraer la atención de Dios sobre ella.

Considera el razonamiento de la viuda (vers. 18). ¿Por qué ella habrá pensado de esa manera?

Tal vez ella vio la clase de vida fiel y santa de Elías, y en su presencia se sintió convencida de cuánto contrastaba con él. O, al ver ese milagro, tal vez sintió la presencia de Dios y su santidad, y vio su pecaminosidad como la causa de esta tragedia.

Esta es una reacción muy común. A menudo nos echamos la culpa a nosotros y nuestros pecados por las tragedias que nos hieren.

¿Qué hice para que mi hijo enfermara? ¿Qué pecado causó esta calamidad en mi vida? Es cierto que muchas veces el dolor y el sufrimiento resultan de las elecciones pecaminosas que hacemos, pero también es cierto que otras veces las tragedias vienen sin razón aparente y no por faltas nuestras.

Recuerda a Job. Dios admitió que era un hombre justo, y observa qué le pasó. Necesitamos ser muy cuidadosos al querer explicar las causas de una calamidad. Lo más importante es cómo respondemos frente a ella. Obsesionarnos con la supuesta causa no ayuda.

Todos afrontamos tragedias inesperadas e inexplicables. Es parte de lo que significa ser seres caídos en un mundo caído. ¿Cómo puedes aprender a confiar en Dios y amarlo, aun en medio del dolor?

Jueves 9 de diciembre: FE PUESTA A PRUEBA

¿Cómo fue probada la fe de la viuda y la de Elías? 1 Rey. 17:17-24.

Nota la lucha que Elías tuvo con la muerte del muchacho. Parece que él no estaba seguro de que Dios lo resucitaría. Su oración parece reflejar alguna de las actitudes de la madre, al echar la culpa a Dios por esa muerte. Aun los profetas pueden luchar con la comprensión de las cosas que suceden (Mat. 11:1-3).

Por un tiempo, tanto la viuda como Elías vivieron viendo un milagro –el suministro continuo de harina y aceite– que debería haber ayudado a mantener firme su fe. Y ahora, con algo tan dramático, su fe es puesta a prueba.

Nosotros también podemos haber tenido una experiencia increíble con Dios, algo que nos haya marcado en forma poderosa, solo para cuestionarlo más tarde cuando surgen eventos que no nos gustan. Por eso, aunque los milagros tienen su lugar en la edificación de la fe, no deberían ser el centro de ella.

¿De qué modo Elías se refiere a Dios? ¿Qué nos indica esto acerca de su relación con él?

Elías tenía una relación muy íntima con Dios; lo llama “Dios mío”. Tener una estrecha relación con Dios no significa que uno tiene todas las respuestas. Elías no entendía por qué Dios había permitido que el niño muriera. Pero, al tener una relación íntima con Dios, podemos experimentar mejor su poder. El milagro no ocurrió por una fórmula mágica o por el intento del profeta de mantener el calor del niño. El texto aclara que fue Dios quien resucitó al muchacho. Elías mismo está emocionado por el resultado. “Mira, tu hijo vive”, probablemente le gritó a la viuda. Además de lo que este incidente hizo por la fe de la mujer, seguramente también ayudó a Elías.

La respuesta de la viuda termina con una declaración de fe. Ella ahora sabe que el Dios de Israel es capaz de mantener la vida, y de darla.

Lee Lucas 4:24 al 26, donde se menciona otra vez a esta viuda. ¿De qué modo las palabras de Cristo nos ayudan a comprender mejor esta historia? ¿Qué lecciones podemos obtener de ella nosotros, como parte de un grupo privilegiado?

Viernes 10 de diciembre

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR

“Les dijo: ‘Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo: de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaum, haz también aquí en tu tierra. Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra. Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, que hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda. [...]”

“Por esta relación de sucesos ocurridos en la vida de los profetas, Jesús hizo frente a las dudas de sus oyentes. A los siervos a quienes Dios había escogido para una obra especial no se les permitió trabajar por la gente de corazón duro e incrédula. Pero los que tenían corazón para sentir y fe para creer se vieron especialmente favorecidos por las evidencias de su poder mediante los profetas. En los días de Elías, Israel se había apartado de Dios. Se aferraba a sus pecados y rechazaba las amonestaciones del Espíritu enviadas por medio de los mensajeros del Señor. [...] El Señor pasó por alto las casas de Israel, y halló refugio para su siervo en una tierra pagana, en la casa de una mujer que no pertenecía al pueblo escogido.

Pero ella fue favorecida porque seguía la luz que había recibido, y su corazón estaba abierto para recibir la mayor luz que Dios le enviaba mediante su profeta” (DTG 205).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:


1. ¿Cuál es la conexión entre el pecado y el sufrimiento? La viuda de Sarepta pensó que su pecado había causado la muerte de su hijo. En el Nuevo Testamento, los discípulos pensaron que ser ciego era el resultado de los pecados propios o de los padres (Juan 9:2, 3). ¿Deberíamos relacionarnos en forma distinta con personas que sufren como resultado de sus pecados a diferencia de quienes parecen sufrir por otra causa? ¿O no deberíamos emitir siquiera esos juicios? Defiende tu respuesta.

2. Un niño nace con un desorden genético raro, y la madre siente que Dios la está castigando por su juventud rebelde. ¿Qué consejo y consuelo puedes darle?

3. ¿Alguien en la clase fue testigo de un milagro que solo pudo venir de Dios? ¿Cuál fue la reacción de la persona? ¿Cuál fue el impacto del milagro en la vida de esa persona? ¿Luchó esa persona otra vez con la duda, a pesar de haber presenciado algo tan asombroso? ¿Qué lecciones podemos aprender de esas experiencias acerca de lo que significa vivir por fe?

3 comentarios:

  1. 1. La sequía, o el profeta de la ambigüedad

    El rey Ajab ha sido presentado, junto con su mujer Jezabel, en los versículos precedentes (16: 29-34), donde ha quedado reseñado lo esencial: que aquel rey pretende fundar su poder en el culto al dios cananeo Baal. Al desencadenarse la sequía por todo el reino, Elías, profeta de Dios, provoca una confrontación de poderes entre él y el rey, entre Dios y Baal. Pero es una confrontación que sitúa a ambas partes en un mismo plano.

    Baal era el dios de la lluvia y de la fertilidad, el dios de las grandes fuerzas telúricas, tales como la tormenta, el trueno, el rayo y el viento. Al lanzar su desafío, Elías parece pretende ser reconocido como representante de un dios más fuerte que Baal. No un dios diferente, sino más fuerte, pero en un mismo plano. Y en el fondo, el desafío le concierne menos a Dios que a su profeta. Es curioso que no pare de decir: “… a quien YO sirvo; … cuando MI BOCA lo diga”.

    2. La otredad de Dios

    No hay mención alguna de una palabra de Dios que autorice tal desafío. Por el contrario, aparece por primera vez la palabra de Dios para alejar al profeta del lugar en que acaba de provocar al rey, y enviarlo a otra parte, a un lugar cada vez más lejos pero, sobre todo, cada vez más diferente. Porque es necesario que esta diferencia de la acción del profeta revele la diferencia del propio Dios. De lo contrario, ¿cómo podría Dios revelarla y revelarse a sí mismo como diferente de los Baales, que no son sino la proyección religiosa, en lo divino, de la voluntad humana de poder?

    Dios no es otro Baal; ni siquiera es un Baal más fuerte que los demás; pero esta diferencia sólo puede revelarse en el mundo a través de la acción profética.

    De este modo, y mediante tres escenas progresivas, comienza una especie de reciclaje del profeta. Hay primero un periodo de retiro en el torrente de Querit (vv. 2-7), lejos de todo ese hervidero de cólera y de miseria suscitado por la sequía.

    Pero todavía no basta con eso; es preciso, además, que abandone Israel (la tierra que es objeto de su desafío) y que abandone, sobre todo, la proximidad del rey, y vaya a reunirse en tierra extraña con el huérfano y la viuda. Esta tercera escena (vv. 8-16) hace más denso aún el contraste. Del profeta que se ha alzado frente al rey, en plano de igualdad hace Dios un vagabundo, un hombre débil donde los haya, que tiene que pedir caridad a una pobre pagana, a punto de morir de hambre con su hijo.

    La palabra de Dios, ausente de la primera escena, comienza entonces a intervenir sin cesar, y acaba incluso apoderándose del profeta (v. 14) y confiriéndole su verdadera función: revelar al bondad de Dios a los pequeños.

    Entre el gran desafío de la sequía y el milagro de la humilde tinaja de harina que ya no habrá de agotarse, la palabra de Dios ha hecho su elección.

    Pero el contraste puede llevarse aún más lejos: no hay nada más débil que un niño muerto. De este modo, Elías habrá pasado del poderoso rey, al huérfano muerto; de la gran estructura de poder, a la insignificancia individual. Y es entonces cuando, al fin, puede Elías actuar plenamente como el servidor de la vida que es. Es entonces cuando, al revelarlo verdaderamente, hace que surjan la conversión y la respuesta de la fe. (CONTINÚA...)

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  2. 3. La verdad de Sarepta

    Con SU palabra, el profeta había pretendido provocar una confrontación de fuerza, de igual a igual con el rey, con miras a un dominio global de Israel; de ese modo hacía de Dios un Baal simplemente más poderoso, pero no diferente. Y el relato da a entender que, en el fondo, el desafío apuntaba fundamentalmente al triunfo de Elías, a su deseo de obrar y ser reconocido como el más poderoso servi-dor del poder divino.

    Pero LA palabra de Dios, mediante sucesivas intervenciones (vv. 2,8,14,16,22), envía al profeta a OTRA PARTE: a una situación humana real y concreta, a la vida misma de los más débiles, con sus más elementales problemas, porque sólo así podrá revelar al Dios diferente y obtener el reconocimiento de la fe. Es en Sarepta donde “verdaderamente la palabra de Dios está en su boca…” (v. 24), como dice la viuda.

    Porque Sarepta es el mundo de la fragilidad humana sin más, cuya realidad no es enmascarada por las organizaciones de poder. Es el mundo de la debilidad humana, simbolizada por el huérfano y la viuda. Es el mundo del trabajo y del alimento cotidiano: de la leña, la harina y la orza de aceite. Es el mundo de la fraternidad, de la hospitalidad y del amor. Y es el mundo, en fin, del miedo entre la vida y la muerte, donde es la muerte la que parece llevarse el gato al agua.

    Pero Sarepta es aún algo más que todo esto, porque el relato le añade una interpretación, un sentido: “¿Qué te pasa conmigo, hombre de Dios? ¿Has venido para recordarme mis faltas y hacer morir a mi hijo?”, dice la viuda. En Sarepta no se contenta uno con vivir la fragilidad, la vida, el amor y la muerte, sino que además se interpretan y se les da un sentido religioso: la debilidad humana se interpreta como el castigo de Dios por los pecados de los hombres. Mediante breves pinceladas, se nos muestra en Sarepta un mundo en el que se tiene miedo a Dios, un Dios que castiga los pecados con enfermedad, miseria y muerte.

    Es pues en este mundo real, de indisimulada fragilidad, donde Dios quiere ver a su profeta. En la boca de éste, la palabra de Dios va a dotar de un sentido distinto a la existencia. Dios no aparece para castigar los pecados, sino para perdonar y dar vida. El profeta ha de traer a Sarepta una revelación, un distinto rostro de Dios, una nueva relación, el despertar de la fe en el Señor de la vida, en un Dios que viene a salvar al débil.

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  3. Amigo, cómo se nota que este tema lo tienes muy trabajado. Hoy he compartido tu opinión, citando el coprigt, en nuestra escuela sabática y no parece haber levantado mucha polvareda (conflicto) la "machada" de Elías, al oponerse a Baal en como en una lucha a muerte entre "dioses", al contrastar la dirección de Dios a partir de ese desafío, apartándolo cada vez más y más hasta llevarlo a una humilde morada donde pasa de todo. Sí, es verdad que Dios responde luego en el Carmelo su oración, pero el profeta tenía fijación con su punto de vista: "he sentido un vivo celo... han derribado tus altares... y sólo YO he quedado..." Pero no, no estaba solo, había 7.000 que no habían doblado la rodilla ante Baal y una viuda que él conocía muy bien.

    Muy interesante la lección y tus comentarios.

    Venga, nos vemos en la de la semana que viene que también promete: "...¿Es tiempo de tomar viñas, olivares, oro o plata?..." Pobre Giezi, quién sabe si hubiese podido ser el sucesor de Eliseo como plantea la lección. Somos como el mono ese que mete su manita por el hueco de una bola, agarra el banano y allí se queda prisionero hasta que lo enjaulan, por no haber querido soltar el dichoso banano, jajajaja.

    Abrazos.

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